En esta sección iré recopilando pequeños escritos, relatos y cuentos escritos por mi; que me apetece compartir con quien esté interesado.

En resumen, aquí podréis conocer mi pequeña obra personal.

 

LOCAMENTE

   Cuando desperté, me incorporé rápidamente de la cama, segundos más tarde yacía a oscuras, sentado en el borde de la misma, intentando recordar quién era y donde estaba. Extendí los brazos rastreando la pared en busca de algún tipo de interruptor, me levanté sin dejar de tocar la pared continuando con mi búsqueda, que al fin llego a buen recaudo.
  
   Al hacerse la luz una sensación de vacío embriagó todo mi ser. No había nada en aquella pequeña y desordenada habitación que me resultara conocido. Comprobé extrañado que aquella habitación no parecía disponer de ninguna puerta visible por la cual salir, ni tan siquiera ninguna ventana. Vi un viejo armario marrón oscuro, pensé que sin duda la puerta de ese armario debía conducir al exterior, me apresuré hacía él y lo abrí, pero a simple vista parecía ser un simple armario.

   Revolví la ropa colgada para tocar el fondo del armario, resistiéndome a creer que aquello no fuera una salida. Finalmente desistí de mi idea, pero no sin antes comprobar con mis propios ojos que tras aquel armario se encontraba la misma pared que rodeaba toda la habitación, sin conceder una sola escapatoria a ella.

   Quedé inmóvil unos segundos ante el armario esforzándome en recordar, pero no podía recordar nada anterior a mi despertar en aquella habitación. Casi sin querer, observé que en el interior del armario había colgadas una veintena de mudas color gris perfectamente colocadas en sus respectivas perchas. Miré mis ropas; llevaba puesto un pantalón y una camisa, grises también, además iba completamente descalzo. Cogí una de las perchas. De ella colgaba una camisa abotonada, y colgado en el interior de la percha había un pantalón perfectamente doblado, ambas prendas eran idénticas a las que yo vestía. Confuso y alterado tiré la percha, cogí otra, la miré, la tiré, cogí otra más, también la tiré. Eran todas idénticas a mi ropa.

   Aún desconcertado, volví a mirar mi ropa y comencé a dar pasos hacía atrás alejándome del armario, de reojo vi algo a mi derecha que me llamó la atención. Me detuve aterrorizado. En el interior de la puerta del armario, que yo mismo había abierto, había un espejo, pero… ¿quién era aquel hombre que se reflejaba en él?, me resultaba totalmente desconocido.

   El hombre del espejo era un hombre joven, puede que rondara la treintena, puede que menos. Era alto, delgado, con barba descuidada y, en general, con aspecto desaliñado. Sin duda aquel hombre debía de ser yo. Me acerqué a mi propio reflejo, toque el espejo mientras comprobaba mi propia cara de asombro y desconcierto.

   De pronto sonó un suave pitido que se repetía una y otra vez. Parecía una alarma. Realicé una inspección visual a toda la habitación intentando descubrir de donde procedía ese sonido. Conforme sonaba iba aumentando su volumen progresivamente convirtiéndose en un ruido cada vez más molesto.

   Me acerqué a una mesita situada justo al lado de la cama donde había despertado. El ruido parecía proceder de allí. Abrí el único cajón que poseía aquella mesa, descubriendo en su interior la fuente de este sonido. Era un teléfono móvil, vibraba al mismo tiempo que emitía ese molesto estruendo en la habitación, en su pantalla se podía leer un nombre de mujer. Pulsé la tecla verde para responder, me lo puse en la oreja y dije sonriente: “¡Buenos días cariño!, ¿qué tal?”.

Jauroles.

 

<<<DAR EL SALTO EL FANTASMA>>>

 

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