
EL FANTASMA
Había una vez una mansión abandonada; y como toda mansión abandonada que se precie tenia de inquilino un fantasma. Dicho fantasma, como es lógico, se empeñaba en espantar uno tras otro a todos los nuevos huéspedes de su morada.
Pero ocurrió que un día se mudó a la mansión una pareja de enamorados, justo cuando se disponía a espantar a su nuevas victimas, estos se abrazaron y besaron de forma efusiva celebrando la compra de su nuevo hogar. Parecían tan felices, que el fantasma se sintió conmovido y decidió dejar su tarea para más adelante y observarlos durante un tiempo.
A medida que pasaban los días, y mas tarde los meses, más interesado se mostraba el fantasma en sus dos nuevos inquilinos, olvidando, y más tarde desechando, la idea inicial de espantarlos. Pasaba las horas observándolos en su vida cotidiana y, aunque ellos no lo supieran, empezaba a sentirse parte de su familia.
Le parecía fascinante la forma en que se amaban. Él era atento, cariñoso y detallista. Mientras que ella era dulce, risueña y comprensiva. Sin embargo, algo parecía empañar esta imperturbable felicidad, pero era incapaz de saber de qué se trataba. A veces, y siempre a escondidas, el hombre se mostraba triste y pensativo. Y con la misma frecuencia, y también a escondidas, la mujer lloraba desconsolada sin motivo aparente.
Un día el fantasma escuchó una conversación privada del hombre con un amigo, y al fin descubrió lo que frustraba aquel paraíso de amor; el hombre entre lagrimas explicaba lo frustrado que se sentía por no poder hacer realidad el sueño de su esposa. Al parecer, la pareja era incapaz de tener hijos. El fantasma deprimido se retiró a reflexionar.
Semanas después, una noche de frio invierno, el fantasma pasó por el cuarto de la pareja y los vio demostrándose todo su amor. Le pareció tan tierno y bonito que se sintió contagiado y embriagado de amor y placer. En aquel instante se sintió más lúcido que nunca, y creyó haber descubierto su destino.
En el momento más álgido de la intensa demostración de amor, de pronto, el fantasma se abalanzo sobre la pareja, fundiéndose con ellos durante un efímero instante y más tarde desapareciendo para siempre.
Poco después, la pareja yacía abrazada y extasiada, ajena a lo ocurrido entre ellos y el fantasma, pero pronto descubrirían que aquella no había sido una noche cualquiera.
Y así el fantasma se convirtió en su hijo.
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